Estados Unidos mató este fin de semana al líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, quien se encontraba al frente del grupo terrorista desde el asesinato de Osama bin Laden en 2011, en una operación antiterrorista llevada a cabo por un dron en Kabul (Afganistán).

En una comparecencia televisada desde el balcón de la Sala Azul de la Casa Blanca, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo que con la muerte de Al Zawahiri “se ha hecho justicia” y que el mundo ya no debe temer a este “asesino despiadado”.
Al Zawahiri fue asesinado la mañana del domingo en una residencia de Kabul, concretamente a las 6:18 hora local (1:48 GMT), cuando se encontraba en el balcón de la residencia en la que se alojaba y un dron le disparó dos misiles Hellfire.
El líder de Al Qaeda se trasladó a la capital afgana junto a su familia a principios de este año procedente de Pakistán y, de acuerdo con la Casa Blanca, el septuagenario todavía constituía una amenaza para los ciudadanos, intereses y seguridad nacional de Estados Unidos.
Nacido en Egipto en 1951, Al Zawahiri era un médico al que sus compañeros de facultad calificaban de tímido, pero que llegó a convertirse en uno de los terroristas más buscados del mundo como líder de la red Al Qaeda tras la muerte de Bin Laden.
El Gobierno talibán ha condenado el ataque y, aunque no se refirieron en ningún momento al destacado yihadista, han afirmado que la operación se trata de una violación del acuerdo de Doha con EEUU.
El Gobierno talibán “condena enérgicamente este ataque, que se produjo por el motivo que fuera, y lo considera una clara violación del derecho internacional y del acuerdo de Doha”, aseguró el principal portavoz islamista, Zabihullah Mujahid, en un comunicado.

















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